[alabastros] V
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Precio habitual €611,00
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Detalles

  • Serie [alabastros]
  • Medidas: 50x50cm
  • Técnica Mixta y pan de oro sobre tabla con acabado en resina epoxy
  • Año: 2020

Sobre la obra

En esta serie, parto de la profunda ambivalencia del alabastro, un mineral que oscila entre la suavidad satinada de su superficie y la aspereza de sus vetas internas. Me interesa especialmente su capacidad de contener múltiples tonalidades —blancos pulidos, negros densos y marrones terrosos— que, lejos de homogeneizarse, coexisten como estratos de un mismo cuerpo. Estas variaciones cromáticas se convierten en el eje de la serie: una exploración de cómo lo mineral puede sugerir tanto solidez como fragilidad, tanto pureza como ruptura.

El alabastro es conocido por su translucidez imperfecta, por permitir que la luz atraviese su masa sin revelar completamente su interior. En mis pinturas, esta cualidad se materializa en capas fluidas y veladuras suspendidas, en zonas de aparente vacío que permiten a la obra respirar. Sin embargo, para la mirada paciente, esos espacios se densifican en una geografía silenciosa de texturas discretas, accidentes cromáticos y fracturas que remiten al origen geológico de la materia.

Las tonalidades blanco, negro y marrón funcionan como un código mineral que estructura el espacio pictórico: el blanco como respiración y apertura; el negro como hundimiento, grumo o masa primigenia; el marrón como registro sedimentario, memoria del suelo y del tiempo. Al combinarlos, busco recrear la tensión del propio alabastro, donde las capas se entrelazan sin llegar a fusionarse del todo, como si cada color contuviera su propio pulso interno.

A la vez, me interesa pensar el mineral no desde la pureza, sino desde sus imperfecciones naturales: grietas, microfracturas, transiciones abruptas. Esta corporalidad herida del alabastro me permite hablar de la condición humana como un proceso marcado por el desgaste y la transformación. Por ello, acentúo ciertas líneas o rupturas con oro 22k, inspirada en el kintsugi, entendiendo la reparación no como ocultamiento, sino como revelación. El oro no decora; ilumina la herida, la vuelve visible, la dignifica.

[alabastros] propone así un territorio que es simultáneamente pétreo y sensible, sólido y vulnerable. Cada pieza, mientras se presenta como un espacio sereno, contiene dentro de sí un microcosmos de tensiones: capas que se rozan, tonos que chocan suavemente, superficies que parecen lisas pero guardan huellas mínimas de fractura. En este diálogo entre lo tosco y lo pulido, entre lo roto y lo reparado, encuentro una metáfora de nuestra fragilidad compartida y de la belleza que emerge, justamente, en esas imperfecciones.