La serie lunas propone una aproximación a la superficie lunar desde un lenguaje que oscila entre la figuración y la abstracción, donde la imagen emerge como resultado de procesos químicos inherentes a la materia pictórica.
A través de reacciones que transforman la pintura en estructuras orgánicas, surgen texturas, cráteres y formaciones que remiten a cartografías lunares sin partir de una representación literal. Estas superficies construyen una realidad ambigua: reconocible y, al mismo tiempo, profundamente abstracta, como si la memoria visual del satélite se filtrara a través de la propia materialidad del medio.
La obra no busca describir el paisaje lunar, sino evocarlo desde su resonancia sensorial y geológica, planteando una reflexión sobre la distancia, el tiempo y la percepción. En este tránsito entre lo microscópico y lo cósmico, la pintura se convierte en un territorio autónomo donde la materia, en su transformación, genera imágenes que expanden los límites de lo visible.